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Full text of "Angel Floro Costa 1884 Exelsior"

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EXELSJOR 

JUGUETE POLITICO 

EN UN ACTO V DOS CUADROS 

POR 

JJN pOLORADO piBERAL 



MONTEVIDEO 

Titografia de o La Tribuna Popular» 


18*4 




EXELSIOR 


I 

LA ÚLTIMA TENIDA MAGNA DE LA COMISION DIREC- 
TIVA DEL «SOI-DISSANT» PARTIDO COLORADO —LOS 
HIJOS DE LA VIUDA DANDO CIMA Á LOS TRABAJOS 
DEL TEMPLO — ENTUSIASMO TEURGICO-FEDURAL — 
ACLAMACION DE LA GRAN LISTA — DIPUTADOS AL 
FIRME 

Difícil nos será dará nuestros lectores una 
pálida idea de la importancia de los trabajos 
que agruparon la nocne del penúltimo sábado 
bajo las bóvedas del improvisado templo de la 
calle del 18 , contiguo á la confitería de Montebru- 
no, á lo mas granado do la secta política, que 
se dá, ü si mismo, el altisonante nombre de «Co- 
misión directiva del Partido Colorado». 

Todas las tempestades intestinales que azo- 



— 6 — 


taban el vientre de la ilustre asamblea quedaron 
aplacadas como por encanto ante láTnvocacíon 
de un solo nombre - el único • verdaderamente 
prestigioso en nuestra actualidad. 

• Hace honor al partido «soi-dissant» colorado 
esta condensación de sentimientos y aspiracio- 
nes en torno de la personalidad de su Jefe Na- 
to —y ante la posteridad hará bien en reivindi- 
car mañana ese grupo de afiliados, el mérito de 
haber fundado en el pais un nuevo panteísmo 
politico. 

Asi como los filósofos de esta antigua escuela 
decían que Dios es todo y todo es Dios, los filóso- 
fos de nuestra moderna escuela situacionista 
parodiando á aquellos, bien pueden decir otro 
tanto de su Idola Tribus: 

SANTOS ES TODO Y TODO ES SANTOS. 

Esta búdhica unificación de los átomos rojos en 
el gran todo rojo, nunca parece se ostentó mas 
perfecta que la noche del penúltimo sábado á que 
nos referimos. 


II 

.Erala hora solemne déla quieta, que en to- 
das las sectas preludia la hora mística de los sa- 
grados oficios. 

Todos los hermanos levitas de las mas altas 
gerarquias, todos los hisopantes y futuros sacri- 
ficadores en los próximos comicios, hallábanse 
puntualmente congregados bajo la cúpula del 
Templo aquella memorable noche. 

De mano en mano circulaban misteriosas 
planchas, en las que mas de un alto iniciado ha- 
bía escrito conocidos nombres propios. 



— 7 — 


Se trataba de la confección de listas para di- 
putados y senadores de la Nación. 

La marea esterior de los catecúmenos era in- 
mensa— y sonaba á la distancia como el Pororo- 
co que agita las aguas dulces á la embocadura 
del Amazonas. 

Por esta vez al ménos, ninguno dudaba que su 
palabra fuera escuchada con interés en el alto 
cónclave, y que su voto según decía el malogra- 
do Don Isidro Osorio, fuese medido y pesado 
para no engañar á nadie ni ser engañado. 

Muy buenas razones tenia la mayoría para 
creerlo asi — Habíase tolerado poco á poco que 
cada cual afirmase sus convicciones sóbrela in- 
dependencia de su juicio -Mas de una vez el 
Gran todo mismo, se habia complacido en oir insi- 
nuaciones oportunas sobre ciertos candidatos — 
y el señor Carralon, usando de su alta preemi- 
nencia, haTjia deslizado lisonjeras esperanzas en 
el ánimo cariacontecido de los mas perennes 
cortesanos. 

El contento patriótico y la satisfacción concu- 
piscente del deber cumplido, rebosaba como nun- 
ca esa noche en los semblantes tibiamente ilumi- 
nados por una luz mortecina de Bengala ‘'que el 
poliglota Sr. Pesce habia encendido ex-profeso 
en un rincón de la sala. 

Ningún miembro de tan augusta asamblea ha- 
bía sido tenido en ménos — ni siquiera don 
Manuel A. Silva que tiene á su cargo el impor- 
tante archivo de las metáforas oficiales y que con 
su estilito peripatético y zumbón, causa de cierto 
tiempo á esta parte la desesperante envidia del 
publicista serio Sr. Roustan. 

La sabiduría misma engalanada con todos los 



- 8 ~ 


atributos diamantinos de la Hija de Júpiter, te- 
nia su asiento en la ilustre personalidad de don 
Pedro Curve, ese Néstor moderno del Senado 
oriental; y presidía con su rígida elocuencia des- 
de su aúreo trípode, las estravasaciones orato- 
rias de aquel ebullente areópago, del cual una vez 
mas debían salir encuadernados con sus corres- 
pondientes rótulos y su respectivo santo y seña. 
®¡#: f futuros volúmenes del Parlamento oriental, 
s&lli se encontraba también presente en aque- 
lla fausta noche con su ancho levitón de arconte 
y su larga barba de hermítaño, cual nuevo Si- 
jppn el Mago, el distinguido diputado don Ber 
nado Esparraguera^ que con pesadumbre general 
desús conciudadanos, termina este año su noble 
mandato, no sin hacer fervientes votos para que, 
sus correligionarios no lo reelijan y le permitan 
ir á descansar á la sombra del hogar privado de 
las fatigas de su azarosa vida pública. 

Aunque sin formar parte de la Comisión Di- 
rectiva, la Asamblea por unanimidad de sufra- 
gios le habia elegido para mensajero alado del 
Templo acerca dol Presidente honorario del Par- 
tido, papel que desempeñaba con no menos énfa- 
sis que el de Hebe, que la ilustre asamblea por 
una inspiración magnética habia confiado la no- 
che antes al simpático Senador^Echevarria, 
cuyos opalinos ojos y proverbial donaire, hacen 
de el una de las figuras decorativas mas promi- 
nentes de la época. 

Allí se encontraban también clon Joaquín y don 
Filomeno de todos los Santos con sus trages 
talares, el uno de gran Maestro de Ceremonias 
y gran Recipiendario de la orden, y el otro de 
gran hermano Hospitalario, encargado del tron- 



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co de beneficencia y demás metales, que ingle- 
san á título lucrativo ú oneroso al tesoro de la 
orden. 

El doctor don Fra ncisco Antoni o . Vidal con la 
cansada somnolencia de un 'aburrido hierofanta 
que ya no puede dejar aunque quiera el oficio de 
augur, allí estaba también, confundido entre los 
asistentes, con su trage de copto y su mirada 
opiada de Santón de Bizancio, tirándose la pera 
y mostrando de vez en cuando sus supérstites 
caninos para dejar paso á una de esas sonrisas 
que en los dias de grande escena ostentan los 
viejos actores que conocen de antemano el se- 
creto desenlace de la pieza. 

III 

Se acercaba ya la hora de comenzar los tra- 
bajos. 

Los jóvenes flautistas que coronados con los 
atributos iconográficos del Dios Pan, ocupaban 
el distinguido puesto de secretarios, esperaban 
el golpe de mallete del Venerable Presidente pa- 
ra trasmitirlo á las respectivas columnas. 

Este no se hizo espirar. 

La Asamblea entera ocupó sus asientos y el 
venerable hermano Carve que por pacto'^spre- 
so de adición in diera ocupaba temporariamente 
la presidencia aquella noche, dio orden al her- 
mano Vigilante de la Columna de la derecha que 
lo era el simpático Sr. Don José Cándido Busta- 
mante y también al de la izquierda que lo era el 
no menos simpático Sr. Don Clodomiro Arteaga 
que observasen si estaban todos los hermanos 
en sus puestos y vigilasen sí se había introduci- 



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do,algunoque no fuera remolacha pura en sus 
respectivas columnas. 

Constatado por las respuestas claras, marcia- 
les y perentorias de macacos viejos, de los que 
no suben á palo podrido, (1) que dieron ambos 
hermanos vigilantes, asegurando que no se ha- 
bía introducido ningún profano al Templo y que 
todos cuantos cubrían las bóvedas eran remola- 
chas puros, de la renombrada familia de las cu- 
curbitáceas, dió el hermano Venerable un se- 
gundo golpe de mallete, y movió la cabeza no 
pareciendo quedar muy satisfecho con las res- 
puestas de los hermanos Vigilantes, tal vez en 
atención á la importancia excepcional de la te- 
nida. 

Hermano ler. Vigilante dijó después de un 
instante de silencio dirigiéndose al simpático y 
atlético señor Bustamante: 

—No basta'que os hayais cerciorado que to- 
dos los hermanos aqui presentes pertenecen á 
la distinguida familia délas cucurbitáceas pur- 
sang á que llaman los franceses betteráves in- 
dustrielles premióre clase y que todos ellos son- 
del agrado y afición de nuestro Serenísimo her- 
mano el Presidente honojjari'o— Ya sabéis que 
en la Botánica Oficial hay especies que se con- 
funden por sus carácteres monopétalos y poli- 
pétalos— y que no basta para hacer una exacta 
clasificación haber examinado prolijamente sus 
estambres y sus ovarios 

Hermanos hay que como el hermano Canstatt 
y el hermano Honoré tienen ovario idéntico, pero 

(1) Proverbio del Sr. Don José Cándido Busta- 
mante. 



11 - 


que difieren bastante en sus estilos y su polen y 
a pesar de ello ambos son cucurbitáceas, esto es, 
remolachas conocidas. 

Es menester pues, experto hermano 1er. Vi- 
gilante, que os fijéis de nuevo si hay contraban 
do inautorízado de especies que como los rába- 
nos y los nabos y otros de la reprobada familia 
de las cruciferas, guardan semejanza aparente 
con la nuestra y mas que todo si á la sombra de 
nuestra tolerancia política han podido introdu- 
cirse en nuestras filas algunos batatas y otras 
especies de laño menos inútil familia de las so- 
lanáceas'. 

Al acabar de decir esto el honorable Presiden- 
te, la furibunda mirada escrudiñadora del herma- 
no primer Vigilante se paseó indecisa por una y 
y otra columna. 

Entremecióse un tanto el hermano Serralta 
tan injustamente calumniado por sus blasones 
botánicos de familia, y notóse alguna intran- 
quilidad en las filas de la izquierda entre algunos 
hermanos temerosos de merecer el equívoco de 
batatas políticos, pero felizmente esos fuga- 
ces estremecimientos pasaron totalmente desa- 
percibidos para la suspicacia del fiermano 
primer Vigilante. 

El mismo hermano segundo Vigilante D. 
Clodomiro Arteaga, logró reponerse un tan- 
to de su emoción, causada por tan inadecuado 
vocablo — y luego jpudo entrarse sin dilación á 
la orden de los trabajos. 



-12 - 


lili 


Ocupaba la silla de gran orador de la Comisión 
Directiva, el esperimentado ciclope parlamenta- 
rio D. Tu lio Freire. 

Su adhesión al Gefe de la causa y -sus probados 
servicios en el tránsito de la cañonera «Gene- 
ral Rivera» por las calles de la Ciudad, tiempo 
hacía le designaban para ocupar tan ’ elevada 
puesto de confianza. 

El fué, pues, el encargado de suplir la sobrie- 
dad ciceroniana del hermano Presidente, abrien- 
do y cerrando los debates con esa adiestrada ló- 
gica de los mejores buzos políticos de la actuali- 
dad. ¿ 

— Teneis la palabra hermano grande Orador, le 
dijo el Presidente, para establecer las proposi- 
ciones que han de ocupar esta noche á la noble 
asamblea. Poseéis la confianza absoluta del gefe 
nato de nuestra orden, y nadie como vos por 
vuestra proberbial facundia, aunque tan injusta- 
mente no haya sido aún imortalizada en las pá- 
ginas del «Bromista», está en condiciones de re- 
velarnos el pensamiento intimo, esotérico, del 
Gran gefe honorario y supremo de nuestra or- 
den. Dignaos hablar. 

El Grande orador Freire— levantándose y ex- 
pectorando fuerte como para arrojar lejos de su 
garganta la incómoda pituita que la obstruía en 
en esos delicados momentos, habló asi. 



- 13 - 


V 


Hermanos míos: 

No es mi ánimo abusar de vuestro precioso 
tiempo, sabiendo como sé que sois todos perso- 
nas ocupidisimas é industriosas de nuestra so- 
ciedad. 

Tampoco quiero conociendo que sois madru- 
gadores, someter á ruda prueba vuestras vigi- 
lias— pero tengo encargo del Presidente nato de 
nuestra secta, del hombre astuto y providencial 
al que todos. debemos lo que somos y lo que aún 
estamos l amados á ser en la gloriosa patria de 
Artigas y los Treinta y Tres, — para exhortaros 
democráticamente concentréis vuestras precio- 
sas facultades en la solución del mas grave 
problema político que jamás se haya presentado 
á la consideración de un Club Político Uru- 
guayo. 

Se trata Honorables Hermanos no ya del 
acertado personal que está llamado á rempla- 
zar nuestra experiencia en los asientos de las 
futuras Cámaras, sino de lo que es mas grave, 
de sí los elej'dos han de ir á ocupar esas poltro- 
nas con mandato imperativo ó potestativo. 

Me explicaré, venerables hermanos. 

No ignoráis que no pueden ser mas críticos y 
deleznables les tiempos que atravesamos en los 
que á pesar de los prodijios de nuestros fecundos 



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publicistas y hacendistas, muy especialmente de 
los ejercicios poliglotas del señor Pesce , U cre- 
ciente audacia de la oposición junto con Wmen- 
guada impaciencia de algunos de nuestrds cor- 
religionarios, pretenden negarnos la representa- 
ción del gran partido colorado, que boy tiene 
en sus manos los destinos de la República y la 
titánica tarea de equilibrar sus presupuestos. 

Pues bien, hermanos mios, vosotros-que sois 
la luz, la ciencia y la riqueza, que representáis 
los sacrificios y las glorias del partido, que sois 
en fin su crema social, es menester que no de 
jéis librada á los azares de la fortuna ni ú los 
caprichos de la Opinión individual si:s nobles y 
fecundas tendencias. ; 

Es menester que nuestros elegidos , 1 (lo quiere 
así el grande hombre del que todos /'somos par- 
tículas microscópicas,) vayan á las jamaras co- 
mo las falanges macedónicas ó como la legión 
romana á cumplir una gran misión de la que 
no puedan desviarse. 

Es menester que para todo evento, esos repre- 
sentantes del pueblo, sean carne de nuestra car- 
ne y huesos de nuestros huesos, y que para tal 
fin reciban de nosotros un mandato imperativo, 
fijo, ineludible, que los. constituía por decirlo 
asi, en verdaderas obleas políticas pegadas sin 
mas trámite, por la poderosa mano deí pueblo, 
en el rico presupuesto de la Nación. 

Es necesario, en fin, mis nobles y desintere- 
sados hermanos, que formemos no diputados 
centauros que prevalidos de su doble naturaleza 
y de sus largas* piernas, puedan escapársenos 
algún dia por la tangente y hasta disparar sobre 
nosotros como el Parto sus mejores flechas en 



- 15 - 


retirada— sino que una vez por todas formemos 

DIPITADOS AL FIRME — He dícllO. 

Después de este discurso que dejó voluptuosa- 
mente edificado al auditorio y afirmó para siem- 
pre la. fama plástica del orador, pidió la palabra 
el Honorable Hermano Cárlos Gómez Palacios 
y dijo 


VI 

Mis queridos hermanos: no quiero ver alusio- 
nes personales en la última parte del brillante 
discurso ¿el miembro preopinante, que acaba de 
dejarla palabra, porque conozco la llana apar- 
cería de si noble carácter y la sincera amistad 
que me profesa, así es que- me concretaré á im- 
pugnar sus ideas en lo que ellas tienen de gené- 
rico y perudicial para nuestro credo político. 

Yo no st, hermanos míos, si por mis condicio- 
nes politicas, por mi elevada y magestuosa es- 
tatura digra de un granadero de la guardia de 
Federico II. ó, por los meritorios servicios que 
he prestadc ú nuestro gran partido en la fati- 
gante redacción de la «Nueva Polit ! ca», mere- 
ceré de mis honorables conciudadanos en esta 
libre cleccíoj que prepara el pueblo oriental, 
ocupar un asiento en la Representación nacional, 
pero si asi fiero, desde ya protesto en nombre 
de mi dignicad de futuro padre de la Patria, 
contra la diprimente etiqueta, con que en el 
empeño de m litarizarlo todo en nuestra actua- 
lidad política, se nos quiere dar á cqnocer á la faz 
de la Nación ▼ del estrangero, ni mas ni menos 
que si fucseinos un nuevo cuerpo de linea ú 
crearse. 



— 16 — 


Como yo, queridos hermanos, hay un pande 
docenas de jóvenes áulicos, que han hecho pú- 
blica profesión de oportunismo y que ávidos de 
cimentar á outrance su porvenir social, consi- 
deran que no puede ser mejor la oportundad, 
actual para ocupar un asiento en la Representa- 
ción Nacional, atento la mayor cuantía dá emo- 
lumentos, con que los nobles padres salientes se 
han afanado para compensar las fatiga/ parla- 
mentarias de los nobles padres entrante/. 

Entre muchos de esos nombres que con placer 
veo circular en las planchas, leo los di algunos 
jóvenes letrados, qne acaso no desdeñánan ves- 
tir la pretesta y sentarse en la silla curol, soñan- 
do acaso con hacer en cuerpo el papel dt obstruc- 
cionistas ó homerulers en las futuras Cámaras 
á condición de que se dejase envueltí en una 
decorosa penumbra su ilusoria independencia — 
lo suficiente, hermanos mios, para nq' sentir de- 
masido mortificados sus pundonorosos sentimien- 
tos ci vicos, ni verse en el duro case de echar 
del todo el rubor á la espalda en e' frecuente 
trato social, con otros jóvenes de su generación 
pero de distintas convicciones políticas. 

Ciertamente que es un cebo halagador para 
muchos de esos aspirantes al himeneo, el poder 
tan fácilmente convertirse en reitistas con 
honra y provecho para ellos y parala Nación— 
pero no conocéis mis queridos hermanos la na- 
turaleza humana como ha dado praebas de co- 
nocerla á fondo nuestro profundo m nistro de Ha- 
cienda, si pensáis que no es una necesidad de la 
cultura moderna salvar en todos los casos y 
mayormente en política, las apariencias de la 
dignidad humana. 



- 17 — 


Todo ó casi todo puede obtenerse de los hom- 
bres, mis hermanos, por procederes indirectos 
quedes deje la ilusien de creerse libres y dueños 
de sus acciones. 

Solo se necesita un poco de arte para encon- 
trárseles su precio, como decía el Gran cardenal 
Richelieu, y una vez encontrado no pueden menos 
de aparecer á nuestros ojos estúpidos y groseros 
los medios de la imposición humillante y la vio- 
lencia que mantienen el ánimo en perpetua rebe- 
lión. 

¿Podréis creer acaso que todos los que hoy es- 
tán á la espectativa del resultado de nuestros 
futuros comicios, sean absolutamente indiferen- 
tes al turrón, vale decir á las pingües dietas con 
que la Nación debe compensar sus servicios? 

Y si no lo son, porque tal es la naturaleza hu* 
mana ¿Como entonces podéis dudar de que el vín- 
culo de la gratitud Inicia nosotros que tenemos 
la alta dirección de los trabajos electorales bajo 
la superintendencia de nuestro digno gefe, no sea 
tanto ó mas eficaz en hombres de reconocida fir- 
meza cívica que el de una imposición jurada ó es- 
crita? 

¿Por ventura los que acepten esos altos pues- 
tos, dada la constitución panteísta de nuestro 
gran partido, no nos habrán por el hecho enaje- 
nado su alma como Fausto en cambio del lote de 
juventud rentada que les brindemos? 

¿Que retirada hábil ante la opinión del país 
puede quedarles inmediatamente después de su 
aceptación? 

¿La hemos tenido nosotros los que les hemos 
precedido en las evoluciones oportunistas, y la 
tendremos acaso el dia que el hastío y la desilu- 



- 18 - 


sion aplaste nuestra frente hasta con el desden 
abrumador de nosotros mismos? 

¿Y entonces, que fundamento práctico tienen 
vuestros temores, ni á que concurren esas impo- 
siciones insólitas, bien ajenas por cierto á las 
libres prácticas de un partido democrático co- 
mo el nuestro? 

Por otra . parte, hermanos mios, muchos de 
esos jóvenes pueden tener compromisos con cier- 
tas personalidades caracterizadas, que en el 
próximo período presidencial han -de darse ma- 
ña para reunir capital propio y disputarse la 
herencia patronímica del mando de la Repú- 
blica— y siendo esto asi ¿Como seria posible sin 
una plena abdicación de conciencia, exjirles que 
suscriban á un mandato imperativo, como por 
ejemplo, á una balota en blanco, según se dice 
sin lo cual yo, no obstante mi perspicacia política, 
no concibo que otra acepción tiene ni puede 
darse á la diabólica invención de diputados al 
firme? 

¿Es que un diputado electo, yo por ejemplo, al 
recibir su sacra investidura iría por el hecho, 
encadenado á la consigna de votar por quien se 
le mandara? 

¿I quien osaría, mis honorables correligiona- 
rios, en el estado de plena libertad política que 
por Vez primera goza nuestra patria, hacer una 
imposición tan injuriosa á un representante del 
pueblo? 

Quien llevaría su atrevimiento hasta mortifi- 
car á tal punto los nobles sentimiento y la ge- 
nial independencia de un elegido de la Nación? 

Por ventura, hermanos, eréis que jóvenes ho- 
norables, de familias distinguidas, que se esti- 



— 19 - 


man y aspiran á ocupar un puesto considerado 
en la sociedad, que ayer no mas juraban las 
grandes verdades de la ciencia y que aun llevan 
en su semblante, como las frescas rosas de la 
mañana todas las ilusiones de la vida política, 
hayan de consentir el pasar sin transición, de 
esas alboradas primaverales á la fria realidad 
de nuestras noches polares, descendiendo hasta 
el nivel de los esquimales ó lapones conforme 
viesen irse despoblando su fantasía de todo lo 
que es noble, levantado, honrado y generoso en 
la existencia, de todo aquello en fin que alienta 
y fortifica la conciencia del ciudadano? 

Meditad, pues, mis nobles hermanos en el paso 
imprudente y arriesgado que vais á dar volpi- 
patronizando hasta tal punto la sagrada con- 
ciencia del diputado oriental. 

Yo os ruego encarecidamente, respetables 
conjéneres, ilustres ■ remolachas de la noble 
estirpe de las cucurbitáceas, por mas que digáis 
que abogo algopro domo mea, que no¿mancilleis 
los anales de nuestro gran partido con un dogma 
leúrgico semejante, que desechéis para siempre 
de nuestro glorioso lábaro el sacrilego principio 
deL mandato inperativo, y el no menos sacrilego 
lema electoral de diputados al firme. 

Este elocuente, discurso dejo profundamente 
emocionado al noble auditorio — Varios hermanos 
solicitan a un tiempo la palabra para hablar en 
pró y en contra de las ideas del orador. 

El venerable Presidente la concede al General 
Don Pablo Goyena, magestuosa é imponente 
figura de la asamblea, que con entonación se- 
gura y modales distinguidos, dio principio á su 
peroración en esta forma: 



Mis nobles hermanos: 


La fórmula electoral cuya sanción debe pro- 
clamar esta noche nuestra augusta asamblea 
reviste á mis septuagenarios ojos, toda la impor- 
tancia de un nuevo decálogo político— y antes 
de contribuir con mi voto á un cambio tan ra- 
dical en las prácticas electorales de nuestra pa- 
tria, no he podido menos de preguntarme ¿tiene 
esta poderosa asamblea autoridad moral bastan- 
te para hacer escuchar del país su voz decisiva 
á este respecto? ¿La tiene siquiera para hablar 
á nombre del partido de la libertad y la Defensa? 

Permitidme honorables hermanos que lamente 
vuestra obcecación á este respecto. 

Yo no soy de los que han dudado jamas del 
prestijio de las tradiciones y las glorias del parti- 
do colorado —Yo no soy de los que recelan de 
su influencia preponderante én los destinos de 
nuestra patria— pero está entre nosotros re- 
presentado acaso todo ese gran partido? 

Veo sin duda ocupando los asientos de asta 
asamblea á ciudadanos muy conspicuos tanto en 
lo civil como en lo militar— ¿pero está agotada 
con lo aquí presente, toda la lista de ilustraciones 
y de proceres que ese gran partido cuenta en su 
seno? -De ningún modo. 

Yo respeto mucho señores, los entorchados del 



- 21 — 


Coronel R egules, los de los Coroneles ...Osvaldo j 
Julio Rodríguez y los del entusiasta ' coronel 
RaMas," pero echo de menos señores, en este re- 
cinto,' las gloriosas charreteras del Brigadier ge- 
neral don Enrique Cajgtro, las del GejmraJ^JReyes 
y las del Grenera I~ReEoTfo que tamBTen son colo- 
rados definidos, militares de sacrificios probados 
en nuestra causa, que han mandado en gefe en 
guerras nacionales nuestros ejércitos y que osten- 
tan honrosas cicatrices, no menos honrosas sin 
duda que las que puedan ostentar sobre su pecho 
los coroneles Bardas y Rodríguez pero conquis- 
tadas aquellas, señores, en grandes campos de 
batalla internacional. 

Yo respeto mucho señores, las insignias y los 
talentos militares del teniente coronel JUbreu á 
quien creo un digno y bizarro gefe de la Nación, 
como respeto y creo lo mismo en las que con 
orgullo ostenta sobre sus hombros el c o ro n el Fi- 
lomeno de los Santos, el Teniente C oro nel d on 
José Gómez, éT Teniente Coro' el de Marina don 
Ventura Silyeira y el de Artes y Oficios don 
Juan Belinzonj pero señores no creo que Tos en- 
torchados y los galones de estos honorables ge- 
fes, hayan dado mas lustre y respetabilidad á 
nuestro partido político que los que cubren los 
hombros agobiados por los servicios y los años 
del Brigadier General don Lorenzo B atllc y del 
modesto cuanto valiente coronel do guardias na- 
cionales don Fernando Torres,. 

Yo creo señores, que servidores leales á nues- 
tra causa como el coimjielXiaiies, como el coro- 
nel don Gr egor io Castro, como el coronel Men- 
doza, como el coronel Eduardo Vázquez, "como 
el coronel Gomensoro, como ei coronel Galeano, 



— 22 - 


como el coronel Martínez, como el Teniente Co- 
ronel don Feliciano González, como el coronel Ni- 
comedes Castro y otros muchos ilustres gefes de 
nuestro partido que no vienen á mi memoria en 
este instante, tendrían un asiento obligado en 
esta corporación directiva, tanto mas hoy seño- 
res, que se trata de influir legalmente en la opi- 
nión de nuestros correligionarios para bien de 
llevar a las futuras cámaras legislativas, los 
ciudadanos mas dignos de representar con cien- 
cia y altura á nuestra colectividad política. 

I si de la nobilísima clase militar, pasamos la 
vista á la clase civil ¿Como no echar de menos 
señores en este augusto recinto, á los cien nom- 
bres respetables ó ilustrados que están en los la- 
bios de todos los ciudadanos que componen 
nuestra gloriosa comunidad política? 

Soy el primero mis queridos hermanos, en ha- 
cer justicia acabada á las luces de jurisconsultos 
tan distinguidos como los hermanos Vilaza, Nin, 
Díaz y Serralta; pero no me negareis señores 
que ciudadanos de la talla del Dr. Mateo Maga- 
riños Cervantes, dej Dr, Julio Herrera y Obes, 
del Dr. Angel Floro Costa, .y del Dr. Juan A n - 
drés Vázquez, ni en ilustración ni en talento ni 
en servicios á la causa de la libertad, ceden en 
nada á las cuatro ilustraciones preenombradas. 

Estoy persuadido que el hermano grande ora- 
dor Don Tulio Freire, como el hermano Turenne 
y el hermano 2° vijilante Sr. Arteaga son adalides 
expertos é infatigables de ñuéstra orden militan- 
te, pero dudo mucho que ninguno de estos herma- 
nos hayan prestado mayores servicios al pais y 
á su partido que ciudadanos como Don Tomás_, 
Gomensoro, como Don Tomás Villafba como 



23 - 


Don Andrés Rivas, cuya ausencia de este noble 
recinto todo el partido no podrá menos que de- 
plorar. ' 

Sin duda también que son importantes los mé- 
ritos contraidos ante el pais por el Sr. Curve; por 
el Sr. D. Francisco A. Vidal, porei Sr. Suarez, 
por ~e l ~Sr. Faj ardo, por el Sr. Silva por el Sr. 
Cándido JBusfcamgñig^J^u^tán» Paullier y otros, 
los unos como publicistas de inspiración, los 
otros como poetas y oradores laureados, los otros 
llevando el martillo que simboliza la vida azorosa 
del comercio; pero ciudadanos señores, cómo el 
Sr. Antonio Maria Márquez, el Dr. D. José Ro- 
mán Mendoza, el Dr. Pedro Bustamante, D. 
Juan Miguel Martínez, D. Carlos Reyles, D. 
Duncan Stuart, los Alvarez, los Ellauris, los 
tres Oteros, los dos Vázquez, D. Francisco Bau- 
za, D. Ezequiel Perez, los Latorres, los Peñalva, 
los Zumaran, los Mac-Éachen, los Chucarro, los 
Ibarra, los Gradines y tantos otros — ¿no tendrían 
derecho á influir al lado de los primeros con su 
representación y su voto, y su exelente posi- 
ción social en los consejos de su partido y en la 
futura política del pais? 

Bien comprendo Honorables hermanos, que mu- 
chos de vosotros estáis aquí por compromiso, — 
tal vez por no desairar con vuestra notoria cor- 
tesía las acertadas insinuaciones de nuestro dig- 
no y augusto Jefe honorario, quien al sentarme 
también entre vosotros, no lia querido olvidar 
en mí al viejo soldado de la Independencia y al 
guerrero que lleva sobre sus hombros los glorio- 
sos cordones de Ituzaingó. — bien comprendo que 

G ustosos abandonaríais vuestros puestos para ce- 
erlos á la gran mayoría de las ilustraciones ci- 



— 24 — 


viles y militares que he recordado y que tan so- 
lo por un error politice han quedado en el tin- 
tero en el apremio de confeccionar nuestra ho- 
norable lista — lo que como sabéis no impide que 
nuestro partido y el pais, los echen de mé- 
nos, y cada dia adquieran mayor fuerza moral 
las malignas acusaciones que se nos hacen, de 
que apenas somos un Circulo, una Camarilla 
afortunada que no soio explota hábilmente las 
tradiciones, el renombre y las glorias del gran 
partido colorado, sino lo que es peor, deshonra 
su nombre y prepara su irreparable disolución 
en el porvenir — calumnias todas que tan bri- 
llante como demostenianamente ha pulverizado 
la elocuencia de nuestro honorable hermano 
grande orador JFrgire,, 

Comprendo igualmente mis queridos herma- 
nos que si no dais ya, ya, al pais y al mundo que 
nos contempla, esta elocuente prueba de patrió- 
tica modestia y de honrado alejamiento, es por 
lo avanzado déla estación, y ademas por los 
justos temores que abrigáis que no sea bien in- 
terpretado, como lo es sin duda por vosotros, la 
voluntad del partido, bajo los auspicios precepti- 
vos de nuestro ilustre gefe nato - Mas por lo 
mismo yo creo que no debemos abusar de nues- 
tra decisiva influencia en los actuales destinos 
de la Nación, para exijir todavía de los ciudada- 
nos á quienes se inclinen espontáneamente 
los votos de la opinión que representamos y del 
noble ejército que nos acompaña con su estu- 
siasmo constitucional y su de sinteresado ejem- 
plo, un sacrificio espúreo superior á su hones- 
tidad y su fuerza, que comprometiera para siem- 
pre su civismo y su dignidad. 



25 - 


Considerad hermanos que el mundo nos cd¿-' 
serva, y que mucho nos moteja ya nuestra.sjexer 
si va solicitud para con el gefe ilustre que nos 
mosdado y que tan eficaz ayua^., ‘copi. 
de que dispone en el País enterop^esísua «sa- 
bias deliberaciones de nuestra cáítoa*^e^feÍde- 
rad que árduos, muy arduos problemas que se 
rozan con el crédito y la confianza pública, van 
á estar librados mañana al recto juicio de los 
futuros legisladores de la Nación y que si cam- 
biamos la fórmula consuetudinaria de la elec- 
ción popular, por la de diputados al firme que 
se nos propone, habremos empezado por quebrar 
su prestigio ante la opinión y como muy bien 
lo ha dicho el ilustrado hermano . Carlos Gómez 
Palacios en vez de un cuerpo Legislativo, ha- 
bremos formado un cuerpo de ejército al que no 
tardaría en bautizar la caustica mordacidad de 
la oposición con el contumelioso nombre de: Sex- 
to de Linea. 

Santo y bueno, es, mis queridos hermanos, 
que la influencia del glorioso militarismo se ha- 
ga patente en todo— que reine en el conjunto de 
la administración pública, ese severo espíritu de 
fagina que tanto enaltece nuestra cultura y nos 
acerca en importancia social y económica, en 
prácticas liberales, en progreso moral, en respeto 
á Ja Opinión, á las leyes vá la personalidad del 
ciudadano, á los países mejor gobernados de 
América— pero no es justo que llevemos el es- 
píritu precaucional del panteísmo imperante, 
hasta nulificar por completo la conciencia del 
Legislador, en nombre de vanos y pueriles te- 
mores como los que en su dantesca fantasía 
descubre el preopinante hermano Freiré en las 



- 26 — 


futuras Cámaras, á las que vé ya convertidas en 
una especie de Parlamento Largo y á sus miem- 
bros en una lejion de pérfidos centauros ca- 

E aces de arrojarnos, como aquellos á los 
■apitas de la moderna Tesalia, tan ímproba 
como pacientemente conquistada con nuestro 
entusiasmo budhista hacia el digno y exelso gefe 
que nos acaudilla. 

Hay exageración pues Hermanos mios, en esos 
temores.— Hay algo de la túnica de Dejanira que 
quema las espaldas del noble hermano preopinan- 
te y le conduce por una febriciente asociación de 
ideas del recuerdo del Centauro Nesso que la 
llevaba en sus hombros, á ver Centauros en todo; 

—Centauros en la Diputación Nacional, Cen- 
tauros en el Poder Judicial de los que en este 
mismo recinto hay algunos miembros de cuerpo 
presente, que por su notoria bohonomia nada 
tienen del Centauro Quírom ó del Centauro Fo- 
lo— Centauros en el Ejército, centauros en las 
plazas públicas, centauros en nuestros campos, 
trastornando de ese modo inconscientemente el 
hábil plan que ha concebido nuestro augusto gefe 
para sacarnos del cáos en que nos ha sumer- 
gido nuestra pasada anarqiwa, el cual bajo nin- 
gún concepto puede consistir en despojar á los 
nuevos elegidos de la Nación de esa libertad de 
movimientos indispensable para conservar sana 
la mente en un cuerpo sano . — mens sana in 
corpore sano . — 

Opino, pues, Honorables Hermanos, por que 
escusemos á nuestro partido ante el país el son- 
rojo de que nos contemple dudando de nuestras 
propias fuerzas, dudando de la lealtad de nuestros 
propios amigos, dudando en fin de la homogenei- 



- 27 — 


dad de nuestros intereses y de la eficiencia 
práctica del panteísmo político que hemos fun- 
dado. 

Rechacemos pues, señores en nombre de la 
tradición liberal que representamos, la odiosa 
idea de los diputados al firme — He dicho. 


Este monumental discurso, pronunciado con 
esa vis trájica que era tan característica de 
nuestros viejos guerreros de la buena escuela y 
de la vieja tradición militar, dejó mudo de admi- 
ración y profundamente enternecido al patrióti- 
co auditorio. 

Varios hermanos, entre ellos el general Pagó- 
la y el coronel Olave, don Javier LavTña, el coro- 
nel Regules, el teniente coronel Ámuedo, el té- 
mente coronel don P. Leoñ , el de igual clase don 
Angel León y eTTéñien te coronel Farias y el 
teniente coronel Ginori, con lágrimas de entu- 
siasmo fraternal en los ojos, penetrados de que 
el discurso del hermano Goyena había puesto 
el dedo en la llaga y afectaba á la unión, al' 
prestigio, la gloria y la indisolubidad del parti- 
do, se abalanzan al orador y le estrechan fuer- 
temente en sus brazos colmándole de entu- 
siastas felicitaciones. 

¡¡Tanto era el alcance político y la profunda 
y sentida verdad de sus palabras!!! 

Por un instante al menos, trémulos todos los 
semblantes, pudo creerse que en laopiníon déla 
mayoría quedasen triunfantes Jas nobles ideas ex- 
presadas por el orador y hasta dejáronse entre- 
ver en la asamblea sintomas de disolución. 



— 28 — 


Empero la reacción del sentido práctico no se 
hizo esperar. ' 

Veinte voces, guturales unas, nasales las otras , 
empiezan ¿dejar oir sus murmullos de desapro- 
bación contra el estólido lirismo del preopinante. 

El pindárico hermano Alcides Demaria, 
aprovecha esos momentos de fluctúan te con- 
fusión, para intentar ante la asamblea, la lectura 
de un acróstico que traía preparado sobre el pié 
forzado de diputados al firme. 

Incrépale duramente esa pretensión con su 
voz de trueno y su noble autoridad de viejo gor- 
rilla política, el ilustrado hermano l.° Vigi- 
lante D. losé Cándido Bustamen.te, patentizando 
la impropiedad calculada de querer destruir en el 
auditorio, con rebuscados acrósticos, el efecto 
moral que habia dejado el discurso del distinguido 
hermano Goyena. 

Arguye en defensa del acróstico el Teniente 
Coronel de Artes y Oficios D. Juan Belinzon, 
lamentando que á su vez no se le permita la lec- 
tura de una firmeza con relación, que traía 
preparada para producir cfeto en el ilustrado 
auditorio. 

Hácenle callar á una, los comandantes Gomeg, 
y Gjnori que no pueden menos de sentirse aí- 
gojhumillados en sus galones, con las impertinen- 
cias poéticas de su colega el comandante de los 
Oficios. 

El coronel Olave y el coronel Silveira, arman 
entre tanto una gresca en genovésdé ribera, en 
la que tercia en genuino eúskaro, el venerable 
hermano lidiarte, Borda. 

El diapasón sube de punto— Incomódase el ve_ 
nerable hermano Recipiendario con tanta pero 



— 29 — 


rata inútil, y corre á un rincón de la sala á bus- 
car su Bombo-viejo, que solicito y adivinando su 

E ensamiento se lo alcanzaba ya el impresionable 
ermano Muñoz y Anaya, y con dos golpes for- 
midables de puño en ér parche, consigue un tanto, 
como en ios toros, restablecer la calma, y el silen- 
cio. — Aprovecha ese momento el honorable her- 
mano Silva, para trepar sobre una silla, bus- 
cando un aditamento á su nubil estatura, y con 
acento esdrújulo y un chorro sanguinolento de 
metáforas, pide al Honrable Presidente, llame 
al orden á los hermanos y que estando el pun- 
to suficientemente discutido, lo ponga á vota- 
ción. 

Suena por fin el tan deseado golpe de mallete— 
Se restablece del todo la calma y el venerable 
hermano Presidente D A Pedro Carve, con voz 
emocionada después de una lijera pausa calcu- 
lada para facilitar el drenaje espectorante de sus 
tráqueas— se para sobre su trípode y dice: 

VIII 

—Mis queridos hermanos. 

Sin ceremonia, y hablando con la llaneza que 
cumple al hombre práctico y provecto, os diré, 
que os considero á todos los hermanos aquí pre- 
sentes mutuamente encandilados por vuestras 
propias luces — y estratificados por el peso de las 
diez atmósferas de vuestra recíproca elocuencia. 

Creo por lo mismo que no abrigareis la menor 
duda de que el punto está suficientemente discu- 
tido y hasta manoseado (como dicen los lejistas) 
v que es llegado el momento de dar á conocer á 
la patria el triunfo del gran principio democráti- 



- 30 


coque ha de hacer nuestra felicidad presente y 
futura, concíliando los votos de la Nación entera, 
con las lejítimas aspiraciones del perínclito can- 
didato á la futura Presidencia, que desde mucho 
tiempo há tiene un trono de fino amor y respeto 
en todos nuestros piadosos corazones. 

— Mis hermanos — Se va á votar la proposición 
del honorable hermano grande orador Dn. Tulio 
Freire: 

Si los futuros representantes dél pueblo 

LLEVARÁN Ó NÓ Á LAS CÁMARAS MANDATO IMPERATI- 
VO y la investidura de diputados al 
firme. 

Los hermanos que estén por la afirmativa de 
pié, y por la negativa sentados. 

¡¡¡Afirmativa general!!! gritó con voz enflauta- 
da y campanuda el distinguido hermano flautista 
déla secretaría de la derecha. 

¡¡¡Afirmativa general!!! repitió el hermano 
flautista de la secretaria de la izquierda. 

Asi quedó definitiva y patrióticamente sancio- 
nado en aquella memorable noche, no menos 
memorable que la del 4 de Agosto de 1789 el 
gran principio democrático de la diputación al 
firme, para la futura representación nacional de 
la joven y venturosa República Oriental del Uru- 
guay. 


Empezaba ya á circular el tronco de benefi- 
cencia, á cargo del hermano Hospitalario pre- 
nombrado, cuando en esto á un formidable golpe 
de bombó, como salido de las profundidades del 
Cocito, descórrese rápidamente la gran cor ti- 



- 31 - 


na del fondo del salón y entre un celeste cam- 

J anilleo, nubes de incienso, y mirra y polvo 
e oro, dejase ver como el Señor resucitado en 
un sábado de gloria ¿Quién dirán nuestros lecto- 
res? 


IX 

Ni mas ni menos que el Hombre Providencial, 
que nacido en modesta cuna, se ha elevado por 
la sola fuerza de su genio superior á los mayo- 
res rangos de la vida pública — aquel que con 
solo la penetración de su talento político ha he- 
cho una verdad práctica, del articulo 132 de la 
Constitución del Estado, creando en su patria la 
aristocracia de los talentos y virtudes, únicas 
distinciones que admite la ley — Aquel que com- 
prendiendo como nadie que el enorme flato que 
trabaja nuestras inquietas democracias es la 
lucha eterna entre la «civilización y la barbarie», 
entre el ascendiente legítimo del saber y de la in- 
teligencia y las desenfrenadas pretensiones de la 
vulgar ignorancia, se ha pronunciado decidida- 
mente por la civilización, y ha puesto ccmo Bre- 
no su valerosa espada en el platillo de la ciencia. 

Aquel que como Diego Portales en Chile acla- 
mará la historia, (siempre justa con los Semi- 
Dioses,) como el organizador de la Nación y el 
azote del militarismo - El que con su sola casti- 
dad administrativa ha conseguido flechar á todas 
las viudas y arrojarles tan solo su túnica como á 
otras tantas desairadas hembras de Putífar— El 
que mientras que la generalidad desús compa- 



- 32 - 


triotas ilustrados rascan al Sol la guitarra de sus 
ilusiones de presente y de porvenir, mata sus 
ócios y mitiga los ardores de su temperamento 
bañándose mañana y noche en el Pactólo del 
presupuesto— El que á fin de bañarse mas á sus 
anchas acaba de inaugurar un periodo de siesta, 
para quebrar la culta monotonía, de nuestras 
costumbres, con la misma solemne seriedad que 
el Statauther de Holanda inauguraba en los 
pasados siglos la pesca del harenque— El que ha 
"recibido en fin como un honor altísimo la inves- 
tidura criolla de Presidente honorario de un 
Club político, electoral, como para dar testimo- 
nio auténtico, ante el país y el mundo, que aún 
le faltaba para su hartazgo de honores, el de 
Gran elector — El Gran Todo en fin de la secta 
panteistaque nos ocupa, con su pecho recama- 
do de relucientes cruces, amuletos, talismanes é 
insignias, ganadas en sus sangrientas batallas 
con los moros de la oposición. — ginete airoso, 
cual sobre otro Babieca, en el brioso y afamado 
Pretendiente— que: 

«Como era escardador 
«Vivaracho y coscogero 
«Le iba sonando al overo 
«La plata que era un primor 
«Pues eran plata el fiador 
«Pretal, espuelas, virolas 
«Y en las cabezadas solas 
«Traiba el hombre un Potosí 
«Que— si traiba para mi 
«Hasta de plata las bolas» 



La escena representaba algo como un gran- 
dioso Exelsior. 

Detrás del Gran Honorario, y como en un se- 
gundo plano, guardando distancias, destacában- 
se los Querubes, los Géníos, los Dioses mitolo- 
jícos, los arcángeles, los Tronos y las Dominacio- 
nes de la brillantísima Corte Uruguaya 

El ilustrisimo General Tajes cual un nuevo 
Murat, y el erudito señor don Juan L. Cuestas 
apoyados como en una columna miliaria en eí 
gran financista de la época doctor don José La- 
dislao Terra, ocupaban el plano mas saliente, 
aquel que por lo general ocupa en el Divan la 
sultana Validé. 

El doctor llevaba además, cual un nuevo San 
Antonio, á una de sus crianzas en el brazo, cree- 
mos que al joven Arturo cuya desnudez cubrían 
solo las álas de su inocencia. 

El grupo entero vestía trajes ligeros de queru- 
bes con plateados élitros de coleópteros. 

El doctor Terra llevaba ademas un turbante 
deGran Visir (algo forrado) de bonos del tesoro, 
títulos unificados y otras futuras deudas . 

Algo mas atrás de ellos, er. plano mas modesto, 
destacábase la figura impenitente del doctor don 
Cárlos de Castro, como cansado ya de hacer por 
tanto tiempo el oficio impago de Simón Cirineo; 



- 34 - 


y entorno de él, mezclados aqui y alli, como en 
descuidado tropel, con trages de arcángeles unos, 
y de dioses de la mitología pagana otros, según la 
fantasía de cada cual, diversos prohombres de 
la situación entre los cuales recordamos un 
grupo de la derecha formado por el doctor Herre- 
ra y Obes, en trage mítolójico de Niobe antigua, 
cargado con todos los atributos de una plácida ma 
ternidad;--al senador Flangini en trage de Eco, 
al que como Boileau se le podría decir. 

Echo n'est plus un son qüi dans l’air retentisse 

C’est une nymphe enpleurs qui se plaint de Narcísse. 

Formaba parte también de ese grupo D. Os- 
carcíto Ordeñan^, en traje de Ganímedes y con 
la cruz del Papa á cuestas. 

En otro grupo de la izquierda, veíase al Dr. 
Salvañach quejándose de un flemón con su traje 
incomburente de amianto, con el que ha sabido 
atravesar todos nuestras zonas políticas, y re- 
medando el donaire de Diana cazadora. 

Estaba al lado de ellos el doctor Vázquez Ace- 
vedo recientemente admitido á la ambrosía del 
empíreo, en traje de Sisifo, como arrastrando 
un pesado fardo que ya empezaba á cansar sus 
debilitadas fuerzas, y en. profuso desorden, 
veianse aquí al Dr. don Venturita Fernandez en 
trajecito de Cupido jugueteando como Ascanio 
con su pequeño carcax, mas allá al Diputado Gar- 
zón en traje de Marte, á D. A. Canstatt y á D. 
Angel Firpo entrelazados como los Dióscuros, 
á D. Eduardo Zorrilla en traje de Midas, al Sr. 
Saens Rosas de Arúspice, á D. Luis Peña de 
bacante, á D. Eloy Aguilar y Diaz de Calípso, al 



- 35 ~ 

Sr. Aniíg-o Carve de Lord Palmerston, a D. Meli- 
ton González de Venus afrodita y á muchos 
otros mas que no recordamos, confundidos con 
parte del cuerpo diplomático y con los Tronos y 
Dominaciones del Uruguayo empíreo, que cerra- 
ban aquel grandioso Exelsior obra decorativa del 
poliglota Pesce, que muy bien cuidado habia pues- 
to en iluminarlo todo con una vivísima luz de 
magnesiana. 

Después de un instante de pausa en que dejá- 
ronse oir algunos arpegios escapados de acordeo- 
nes y guitarras gigantescas movidas á lazo, ade- 
lantóse sobre el tinglado, el Presidente Honorario 
del Gran Partido remolacha y con la majestad 
divina de un Guzman Blanco, descubrióse la ca- 
beza y en tono claro é imperativo dirige asi la 
palabra á la augusta Asamblea. 

Mis nobles y constantes adeptos. 

Mis queridos hermanos remolachas. 

Precisamente acabo de ser testigo, de vues- 
tras fatigas democráticas detras de esta discreta 
cortina que se ha descorrido á vuestra vista y 
que mi primer gentil hombre de cámara el Sr. D. 
José E. Pesce y el de igual clase mi copero mayor 
Sr. dé la Rúa habian preparado, sin reparar en 
gastos, según procede y precisamente por órden 
mia para daros esta sorpresa porque ye sé her- 
manas mios, cuán grato debia seros mi presen- 
cia en este improvisado recinto, como diz que lo 
era en los buenos tiempos del gran siglo, la del 
Roí soleil para toda su brillante corte de Versa- 
1 los, cuando precisamente para la Francia y pa- 
ra gloría de su espléndido reinado aún no le 
aquejábala fístula entre las dos vias, que tantas 
pertubaciones financieras trajo á la Europa como 



- 36 - 


precisamente el lontano cólera gangis las ha traí- 
do en la actualidad para nosotros. 

Vengo pues á daros las mas efusivas gracias 
por el gran principio democrático del mandato 
imperativo y de la diputación al firme, i\w¡ pre- 
cisamente interpretando mis levantadas miras 
políticas y mis patrióticos anhelos de darme un 
apropiado sucesor que complete la felicidad de la 
tierra oriental habéis sancionado. 

A mi vez, queridos hermanos en la viuda , 
yo vengo como Hiram el último de los grandes 
obreros, á rematar la obra del Edificio Nacional 
que con desvelos salomónicos habéis levantado. 

Precisamente yo me he preocupado de ahor- 
raros fatigas y congojas, de exoneraros de com- 
promisos incómodos, frente á frente de nuestros 
innumerables correligionarios y para ello inter- 
pretando á mi vez vuestros unánimes deseos, he 
utilizado en provecho de nuestra gran causa, el 

Í arimer caso de hipnotismo político que ha tenido 
ugar en palacio, bajo la acertada dirección de los 
dos médiums de Gobierno cuyos nombres cono- 
céis y que para mas señas me asisten hace algún 
tiempo en mis frecuentes dolencias del farinxe y 
de mi augusta laringe. 

Precisamente mediante ese notabilísimo y efi- 
cacísimo esperimento he podido mis honorables 
hermanos, trasladar á mi mente, como si fuera 
una placa metálica untada de colodium, todas 
euantas ideas políticas han retozado durante seis 
meses en vuestra mente, y gracias á ello he lle- 
gado ¿confeccionar la lista de diputados y sena- 
dores que os presento, dando así una vez mas al 
mundo el ejemplo de un gran partido político 
unido en una sola inspiración panteísta y movien- 



- 37 


dose en el libre juego de los futuros comicios pú- 
blicos con la misma precisión cósmica que preci- 
samente cuando la nebulosa de que formamos 
parte inflaba su vientre, debían moverse los tor- 
bellinos de Descartes. 

Seguro estoy mis hermanos que precisamente 
el fruto hipnótico que os presento en forma de lis- 
tas de diputados y senadores nada dejará que de- 
sear á vuestro acrisolado patriotismo. 

Sabiduría, esperiencía de la vida, ilustración 
probada, posición social, fortuna propia, antece- 
dentes y servicios prestados al país y á la causa 
que representamos, hoy roas que nunca comba- 
tida por enmigos impalpables que como sabéis 
son los peores, todo, todo reúnen los respetables 
nombres que forman esas listas. 

Precisamunte no hay en ella ninguna entidad 
equívoca, que pueda ser calificada así por nues- 
tra botánica oficial — ninguno que no reúna las 
condiciones que exigen los artículos 24 y 30 de la 
Constitución de la República para desempeñar 
tan augusto mandato. 

Precisamente he cuidado con todo empeño, 
hoy aue los nuevos electos, deben usufructuar 
una decente congrua acl ' substantationem, desde 
gue salgan hasta gue vuelcan a sus casas, (art. 
37 de la Constitución) viage redondo que: es de 
esperar de su patriotismo dure desde el primer 
coluro de solsticios en que tenga lugar su elección, 
hasta el último coluro de equinocio en que espi- 
re su mandato -hoy decía, mas que nunca, con- 
viene mis hermanos que no se repita el triste es- 
pectáculo de un congreso de amigos menestero- 
sos, á quienes mas de una vez tal vez ha sido im- 
posible conciliar su independencia con los o por- 



- 38 - 

tunos auxilios que recibían del tesoro de la Na- 
ción. 

En mi alta previsión política he tenido presen- 
te precisamente todos los casos —y mas que todo 
el muy factible deque tenga que retirarme tem- 
porariamente de la vida pública á tomar descanso 
de mis fatigas y que se le ocurra al pais en ese 
interregno, premiar mis notables servicios á la 
causa de la libertad, del orden y de la moralidad 
administrativa, con una reelección que me confie- 
ra de nuevo la investidura de primer magistra- 
do de esta rica comarca oriental por cuatro lar- 
gos años mas, que para mi serán un siglo, por 
que reclamarán tal vez á mi salud y mi desinte- 
rés patriótico, un sacrificio superior á mis fuer- 
zas. 

Precisamente si eso ocurre debía pensar, que 
no era prudente dejar sin brújula á mi partido y 
sin norte, á mis amigos políticos- y que esa brú- 
jula y ese norte dada nuestra admirable consti- 
tución panteista, debían buscarse en las condi- 
ciones personales de los electos, en su adhesión 
probada á mi persona, en sus facultades reflejas 
de hipnotismo político y muy especialmente en 
las condiciones imperativas y acl firmen de su 
mandato, que hagan de ese" grupo de proceres 
uruguayos los inamovibles pilotis sobre que 
nuestro partido pueda construir el edificio se 
cular de mi dominación á semejanza de esas 
ciudades lacustres que aún se descubren en el 
fondo de los lagos suizos y que por su anti- 
güedad se remontan al periodo plíoceno de la 
época terciaría. 

Interpretada pues, precisamente por la rara 
eficiencia del moderno hipnotismo político 



— 39 — 


vuestra voluntad soberana y previstos todos 
los casos á que deben responder los elegidos — 
yo os pido por aclamación un voto de con- 
fianza para mis trabajos — como al empezar mi 
discurso yo os lo he dado para los vuestros— He 
dicho. 

XI 

La Asamblea en masa, de pié, sobrecogida de 
asombro y de un solo pujo panteista votó por 
aclamación la lista entre una salva atronadora de 
aplausos. 

Restablecida luego un tanto la calma ocúrrese 
á un hermano socarrón de la izquierda (cree- 
mos que la era el venerable hermano Miguel 
Gonzalez_ Rodríguez) pedir humildemente que se 
léala lista. 

La indicación aunque un poco irreverente picó 
la curiosidad general y anhelante en todos los 
espirites obteniendo por tal causa el consentimien- 
to de la mayoría. 

La magostad del Presidente Honorario, bené- 
vola como siempre, se digna entregar la lista al 
Presidente déla Asamblea quien la pasa al her- 
mano Bardas para que proceda á su lectura. El 
honorable "hermano secretario dá principio a ella, 
oon esa entonación solemne del que después de 
todo, sabe que va á leer la sentencia de muerte 
délas libertades de un pueblo. 

Terminada la lectura, toda la asamblea-ai pare- 
cer quedó satisfecha, entreteniéndose por breves 
ins- antes en tragar saliva. 

. .-ios reconocen sin embargo que la interpre- 
tación de la voluntad soberana del partido, no ha 



— 40 - 


podido ser mas feliz— que ningún rábano, ningún 
nabo, ni siquiera ut-T solo batata, se ha deslizado 
en la lista. 

Que la selección del mérito y de la virtud (ar 
tículo 142 de la constitución) ha sido esmeradísi- 
ma y completa— no faltando quien agregue entre 
dientes, que la lista ha sido asesorada con vistas 
aleatorias y eventuales por el mismo doctor Terra 
en persona. 

Todos consideran en fin al país salvado y como 
entrando bajo el pórtico corintio de una era 
nueva. 

Suena la hora de poner finólos trabajos— y la 
concurrencia se dispersa atravesando cabizbaja jí 
cojitabunda la sala de pasos perdidos. 

Antes de salir hay sin embargo una hiera reac- 
ción de fino amor y respeto, ó mejor dicho de sen- 
tido práctico, algo como un grito indefinible, esca- 
pado del profundo lábaro deí estómago y á una co- 
dos prorrumpen en un viva atronador. 

¡¡¡Al gran partido remolacha!!! 

A la augusta comisión directiva!!! Al digna 
Presidente honorario del gran partido colorado 

A la libertad!!! 


La lista, au prochain numero . 


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